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jueves, 27 de abril de 2017

Ni siquiera al borde del apocalipsis.

Los ídolos no son imprescindibles, pero cuando los hay su imagen se convierte en un modelo a seguir; te atrapa su carácter al enfrentar al mundo, al enfrentarse a sí mismo; te ves en sus pies combatiendo en nombre de lo que para ese ídolo es sagrado que tiende a ser igual de sagrado para ti. Existen de todo tipo. Los que hoy atañen la temática son los superhéroes, aquellos que sobreponen a su falsedad física, material, el valor de su proceder que llena nuestros espíritus al hojear un buen cómic, al admirar una película dirigida por Zack Snider. Deseábamos de infantes ser tan poderoso como lo es Superman, con esa llamativa "S" en el pecho llevada con orgullo; la velocidad de Flash o el factor curativo de Wolverine (sin omitir las garras de adamantium). Pero las visiones que acarrean nuestras experiencias y reflexiones en la niñez no están ni cerca de la estructura de nuestro pensar conforme maduramos. Nos empezamos a sentir atraídos por los códigos morales de Batman, por su compromiso con la justicia a pesar de no poseer ningún poder, a pesar de ponerse en riesgo cada noche en Gótica, en cualquier lugar del mundo buscando preservar el bien ante cualquier cosa a la par de ajustar sus principios a su forma de ser intrigante, enigmática, oscura; asomamos los ojos al comportamiento interesado de Constantine y sus macabras aventuras en el averno, pero ninguno como él. Nadie como él. Creo que más que antihéroe es el mejor héroe creado, el más "íntegro" del universo de Watchmen y de todos los que hay: Rorschach. Acreedor de una voluntad inquebrantable, traumas que lo marcaron como a su máscara y venganza, mucha vengaza es de las pocas personalidades dispuestas a hacer lo que se debe hacer en su momento. Sin remordimientos, consciente de la necesidad de drenar los males de la sociedad, de la putrefacta sociedad de corruptos políticos, de prostitutas que gozan del sudor maloliente de su pareja de motel en el sexo sin amor, de incesante guerra, dolor, de pérdidas, de la pérdida de inocentes almas. Un ser humano que ve a todo en blanco y negro. Un ser humano de concepciones no humanas, sino divinas, imposibles, aletargadas en velo de la esperanza. Conocedor de la tristeza que invade la vida en vaivenes sin sentido^1; conocedor de la verdad. Luchó solo siempre, luchó como se debe luchar que es creyendo que morirás de un momento a otro haciendo lo correcto, castigando al maldito, rectificando con mano dura a la escoria, buscando el final de la porquería o el final propio, que es lo que le llegó a Rorschach que sin importar tener que vérselas contra el Dr. Manhattan (una especie de deidad omnipotente o casi), estrujó su mañana por conquistar en nombre de los civiles inocentes muertos de forma indiscriminada por Ozymandias para lograr la "paz", un mañana donde se hiciera pagar al injusto y se recordara sin perdonar, se recordara para mejorar, deshizo un día más de vivir proclamando el bien como lema y muriendo desintegrado a consecuencia. "Nunca abandones tus principios, ni siquiera al borde del apocalipsis".

domingo, 23 de abril de 2017

Libros juveniles.

Los libros. ¿Quién como los libros? Nos permiten sosegar ocio sin escrúpulos almendrados de aburrimiento; nos ofrecen además de un arduo entretenimiento infinidad de mundos, de circunstancias, de ideologías, de historias, pero esta definición se encuentra reservada a los buenos libros. ¿Cómo identificar unos de otros? Tema de otro momento. Lo que se a de abordar a continuación es porque las sagas destinadas a los jóvenes de actualidad son una infranqueable porquería. Vamos, únicas y diferentes, ardan ante la verdad; vamos, pretenciosos de pacotilla, palidezcan con la verdad. ¿Qué motiva un libro de estos a ser publicado? Dinero. El dinero es la esencia de estos artilugios del demonio. Algunos, muy escasos, buenos samaritanos estructuran su "material literario" con las buenas intenciones de alzar la cabizbaja moral de individuos constituidos en mayor medida por estulticia. Hacen ello de la manera más patética posible. Versifican sus textos con planteamientos deformes, obligados, utópicos, vomitivos, sin gracia, para sujetos miserables. ¡Dios! Si tanto deseas sentirte bien contigo mismo date cuenta de lo idiota que estas como para no valer nada ante tus ojos. Si tan nublado esta tu juicio ve y págate un psicólogo así tu dinero no se ve tan desperdiciado.

Ni siquiera al borde del apocalipsis.

Los ídolos no son imprescindibles, pero cuando los hay su imagen se convierte en un modelo a seguir; te atrapa su carácter al enfrentar al ...